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La multimillonaria propuesta de compensación de Tesla para Elon Musk

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l pasado mes de enero, la famosa empresa de coches eléctricos Tesla presentó el nuevo marco de remuneración de su CEO, Elon Musk, para los próximos diez años. Aunque la estructura de su retribución por objetivos no es muy distinta a la de muchos otros ejecutivos en todo el mundo, presenta unas diferencias fundamentales que lo identifican, en estos momentos, como uno de los planes de compensación más singulares de la historia empresarial. Se contempla que únicamente cobrará el 100% de la remuneración si la firma cumple unos ambiciosos objetivos de capitalización bursátil, de beneficios y de facturación. Musk no cobrará un salario asegurado de ningún tipo, ni bonus o primas, si no cumple con sus objetivos. Pero de cumplirlos, podría llegar a embolsarse 55.000 millones de dólares y poseer el 33% de las acciones de Tesla. Vamos a verlo más en detalle a continuación.

Según informó Tesla, el CEO y fundador de la empresa de Palo Alto ha dividido su compensación de los próximos diez años en doce tramos en los que tiene que cumplir diferentes objetivos. Como en realidad viene siendo habitual en la retribución variable para altos directivos, el de Musk es un paquete estándar de acciones por rendimiento. Se le ofrecen participaciones de su propia empresa en función de determinados objetivos de rendimiento y del valor, ingresos y beneficios de Tesla. Musk ya hizo lo mismo en el año 2012, cuando el empresario planteó algo similar con 10 puntos que por entonces parecían inalcanzables, pero que acabaron por cumplirse al 90% al final de los cinco años marcados.

Sin embargo, la diferencia en esta ocasión son las enormes cifras planteadas: uno de los objetivos que deberá cumplir Musk es en referencia a la capitalización bursátil de la empresa, que en su primer paso tendrá que alcanzar los 100.000 millones de dólares, frente a los cerca de 60.000 millones de dólares actuales.

A partir de ahí, se fijan tramos de objetivos de nada menos que 50.000 millones de dólares, hasta llegar a 650.000 millones de dólares. Si alcanza estas metas, Musk podría recibir acciones valoradas en 55.000 millones de dólares.

Otro de los objetivos que se recogen en el plan hace referencia a la facturación y beneficio bruto de explotación (Ebitda): Musk cobraría el 100% de la compensación prevista si la facturación se multiplicara por 15 respecto a 2017, con 175.000 millones de dólares, y el Ebitda se disparara 21 veces respecto a los datos del año pasado, hasta 14.000 millones de dólares.

Para cada una de las 12 metas que se logren, Musk tendrá opciones de acciones del 1% de las acciones totales de Tesla que se mantengan en circulación. Con lo que, según han analizado algunos medios, de alcanzar el 100% de sus objetivos, Elon Musk podría acabar poseyendo el 33% de Tesla al cabo de los 10 años planteados, una participación que le convertiría en un gestor casi incontestable a la hora de tomar decisiones.

De momento, este programa ya cuenta con la aprobación de la junta directiva de Tesla desde el pasado mes de enero. Este mes de marzo está prevista una votación entre todos los accionistas que podrían decir mucho al respecto, ya que, sin la mayoría a favor, este plan no podría tirar adelante.

El nuevo sistema de compensación de Elon Musk ha generado muchas opiniones encontradas. Musk cuenta con muchos defensores, que elogian su valentía e innovación constante. Dos grandes accionistas que representan el 14% de las acciones de Tesla, Baillie Gifford y T. Rowe Price, ya han indicado que respaldarán este plan de pago.

Otros, en cambio, creen que este multimillonario plan de compensación es otro de sus “trucos” de marketing, y algunas consultoras analistas independientes ya se han pronunciado en contra: “El impacto que puede tener en los accionistas, teniendo en cuenta la posibilidad de que se consiga los objetivos sin que su impacto se refleje en un rendimiento financiero importante, nos lleva a recomendar a los accionistas que se opongan a ello”, aseguran desde Glass Lewis, una de las auditoras que sirve de consejera a los accionistas independientes. Otra firma que hace lo propio es Institutional Shareholder Service, que se ha pronunciado en la misma línea que Glass Lewis, por considerar que se tratan de cifras “excesivamente altas”.

Sin embargo, hay que considerar algo fundamental: los números son así de “impactantes” porque Tesla también lo es, en cuanto a su potencial valor futuro. Y es una buena práctica adaptar el plan de compensación de los ejecutivos a cada empresa y a sus particularidades. Los 55.000 millones de dólares que Musk cobraría sólo se harían efectivos en el caso de que Tesla se convirtiera en una empresa de 650.000 millones de dólares. Y si esto ocurriera, Musk habría hecho crecer muchísimo una empresa proporcionando coches eléctricos en todo el mundo. Si el Sr. Musk gana miles de millones, los accionistas también ganarán. Y si el Sr. Musk no funciona, los accionistas no deberán pagarle nada.

Hay que tener en cuenta, además, que Musk no recibe un salario, aunque según la ley del estado de California, Tesla debe pagarle al menos el salario mínimo, por lo que le envía cheques por valor de unos 37.000 dólares anuales, que él, según asegura, no cobra.

Por supuesto, como cualquier tipo de recompensa en acciones por rendimiento, podría dar lugar a consecuencias no deseadas. Se han dado casos anteriormente de manipulaciones para alcanzar estos objetivos, de recortar inversiones o realizar prácticas de “earning management” para alcanzar esa cifra.

Por este motivo, como ya sabemos, hay muchas entidades que prefieren hablar de modelos únicos y de topes de pagos. Por ejemplo, el Norwegian Sovereign Wealth Fund y la Cámara de los Comunes del Reino Unido han abogado por alejarse de los objetivos de rendimiento a favor de otorgar directamente acciones en el tiempo. Su argumento, no exento de lógica, es que el precio de las acciones a largo plazo de alguna manera ya mide el rendimiento, ya que ese precio va influenciado por las ganancias, la innovación, la satisfacción de los empleados, el valor de la marca e, incluso, el rendimiento medioambiental.

El nuevo plan de compensación de Musk, de hecho, comparte elementos con la adjudicación basada en el tiempo: los objetivos se basan en el valor de mercado de Tesla en 2028; además debe quedarse hasta ese año para poder cobrar las acciones, lo que le incita a un horizonte de diez años de permanencia; y si alcanzara sus objetivos, según los términos del acuerdo propuesto, deberá retener las acciones ganadas durante al menos cinco años antes de poder venderlas.

Así pues, ¿qué pueden aprender las empresas del modelo de Tesla y Musk? Que otorgar acciones a largo plazo es una manera de conseguir que los ejecutivos actúen como propietarios y que creen valor a largo plazo. Pero, quizás, complicarlo con múltiples objetivos de rendimiento puede provocar desconfianza por incitar, en algunos casos, a la manipulación. Veremos muy en breve lo que tienen que decir al respecto los accionistas, llamados a votar este atrevido plan de compensación el 21 de marzo.

¿Es una apuesta arriesgada?

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